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El mundo se está muriendo

27 Nov , 2017  

No existe memoria en mi pueblo, de tardes con niños jugando con agua o de un día con electricidad continua; esos recuerdos sólo existen en fotos y libros, de épocas pasadas, cuando la gente se negaba a cuidar de este líquido vital, que creían que era inagotable, y evitaban la instalacion paneles solares por considerarla costosa, aunque lo caro fue llegar al punto en el que vivimos hoy.

 

Hoy la vida es difícil, el agua y otras necesidades básicas, son negadas al pueblo, para que gente importante las goce sin tener que preocuparse. En cambio, nosotros vivimos con lo que nos da la naturaleza; que a veces son semanas de sequía, con calores que no nos dejan respirar, o días en los que la lluvia no nos deja vivir, metiéndose en casas e inundando calles. También hay meses de frío extremo, cuando la simple acción de moverse te provoca un terrible dolor de huesos.

 

Mi abuelo, un hombre viejo que me platicó mil historias de una época inimaginable para mí, me contó cómo su padre era uno de los pocos que se empeñó en cuidar a la madre naturaleza. Me relató el día que los dos fueron a Power Stein, una empresa que buscaba la conservación del medio ambiente; habían ido juntos por ayuda, para hacer un hogar que cuidara de su familia y el ecosistema.

 

Gracias a ellos el padre de mi abuelo, logró el diseño de una casa con paneles solares fotovoltaicos, que producían energía de manera mejor manera y más eficiente, que las demás. Sin embargo, aceptó ante mí que eso no fue suficiente ya que, en su calle de 16 viviendas, sólo ellos querían cuidar el ambiente, mientras que en la ciudad había más de cien casas y decenas de empresas, que no les importó cuidar el lugar donde habitamos.

 

Ver a mi abuelo de aquella manera -llorando y lamentándose por la pérdida de un mundo que jamás conoceré- me partía el corazón, muchas veces quise decirle que yo estaba bien, pero hubiera sido inútil. Él podía ver mis labios partidos, sentir mi piel áspera -con la que lucía 20 años mayor-, escuchar mis lamentos al tener que ir al baño y el trabajo que me costaba respirar durante algunas épocas. Mi abuelo notaba como la vida del mundo se acababa rápidamente y prematuramente, como la de su nieto.

 

Nunca quise llorar frente a él y causar más preocupación en su corazón, pero todo lo que quería decir era: “ojalá tuviera la oportunidad de poner un poco de crema Nivea, en mi piel, en vez sentir como se cuartea poco a poco”.

Power-Stein

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¡Cuidemos el mundo en el que vivimos!


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