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Disfrutando nuevos sabores

11 Ene , 2017  

Quiero platicarles sobre mi más reciente noche de copas, no se preocupen, no pienso contarles sobre mis vergonzosas hazañas o las de mis amigos, solo quiero comentarles sobre la belleza de bebidas que uno de mis amigos nos ofreció.

Todo empezó un lunes como cualquier otro en el trabajo, uno de mis compañeros se reportó enfermo y muchos estábamos algo resfriados y sin ganas de hacer mucho debido al repentino frío que azotó la ciudad.

De pronto, el compañero enfermo hizo una llamada misteriosa, nos dijo que extrañamente una caja de cerveza artesanal mexicana apareció detrás de su puerta. Quizá alguien se equivocó y las entregó en la dirección equivocada o tal vez se trataba de algún tipo de broma. Nos contó que no sabía si siquiera abrir una de las botellas para probarla o si debía dejarlas en la basura. Finalmente abrió una que se veía bien, con toques de café y chocolate amargo, resultó una excelente bebida, fidedigna y deliciosa, el nombre de la marca era Le Malta.

Como pueden imaginar, el motivo de su llamada era para que fuéramos a su casa saliendo de la oficina y pasáramos una buena velada probando cervezas artesanales de diversos sabores. Nadie dudó y comenzamos a planear la tarde, unos pasarían a comprar unos buenos quesos y algunos otros se adelantarían para preparar el terreno: Cartas, videojuegos y quizá algún desafío de destreza para cuando nuestra visión se convirtiera en un obstáculo para nosotros.

Al llegar, todo transcurrió justo como lo planeamos, disfrutamos con los amigos y nos divertimos, a la vez de probar unas bebidas que en realidad tenían un sabor delicioso. Por cierto, se trataba de más de alrededor de cuarenta cervezas, las cuales vaciamos en cuestión de horas.

El problema vino a la mañana siguiente, cuando debíamos emprender el camino de vuelta al trabajo. Obviamente nadie durmió y tomamos turnos para usar la ducha de nuestro amable anfitrión para ocultar un poco el aroma a fiesta de nuestros cuerpos (porque de la ropa imposible). Ese día en la oficina fue miserable para todos, teníamos un dolor de cabeza insufrible y nuestro rendimiento fue el mínimo. Finalmente terminó la jornada y cada quién partió a su casa directamente a la cama, obviamente después de un par de inevitables aspirinas.


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